Motivar a otros como la expansión de la Motivación Personal
Motivar a otros como la expansión de la Motivación Personal
El tema, a veces
preocupante, de motivar a otros, hay que verlo no como una responsabilidad —porque
en todo caso la motivación interna, es un evento muy personal— sino como una
proyección de mi propio estado. Si estoy motivado, seguramente eso irradiará el
espacio y a las personas que se relacionan conmigo.
No debería ver el hecho de
“motivar a otros” como un compromiso, pero sí como una proyección coherente,
entre lo que pienso y hago. Si convivo con otras personas, en especial, en esta
situación donde todos estamos todo el día en casa, mis emociones y mi
estado de ánimo pueden incidir en las emociones y estados de ánimo de ellos
y, viceversa, es decir, que tenemos la responsabilidad mutua de procurar el
mejor ambiente de convivencia en familia.
Sin embargo, veamos la
motivación un poco más allá, ¿cómo somos, cuáles son los pensamientos y frases
que recurrentemente identifican nuestra conversación con los demás?, ¿está
anclada en la queja, la crítica, la desesperanza, la negatividad?, y si es así,
¿cuánto tiempo permanezco en ese estado? De una conversación ¿cuánto dedico a quejarme?
Recuerden que en un día tenemos un promedio de 60.000 a 70.000 pensamientos y
el 90%, día tras día son los mismos. Hay que romper con esa
dinámica y comenzar a crear el presente que queremos desde la creación, a su
vez, de nuevos pensamientos.
Si actúo desde la
motivación, tal vez durante poco tiempo, los primeros minutos, pero después
comienzo a ver y a hablar de otras cosas que expresan una visión distinta, una
perspectiva diferente, con fe y confianza en que esto va a pasar y de que vamos
a estar bien, de que se redefinirán dinámicas y saldrán fortalecidos aquellos que
aprovechen la oportunidad en la adversidad para desarrollar nuevas
competencias, habilidades o el tener
ahora mayor tiempo para prácticas conectivas que ayuden al desarrollo personal.
Ciertamente, algunos nos
hemos fortalecidos y eso es la expresión de la resiliencia pura, el salir de
este evento adverso que nos ha tocado vivir y verlo como una oportunidad de
aprendizaje y de resignificar en forma favorable aquello que tenemos en nuestra
vida, nuestro hogar como espacio de protección, de descanso, las personas con
las que convivimos, el tener alimentos y sobre todo vida y salud. Las necesidades
de otro orden que teníamos se van planteando de manera diferente.
¿Cómo estar motivado en
tiempos de incertidumbre y además cómo motivar a otros, si no me siento
motivado?
Lo primero, es el ejercicio de auto observarnos e identificar los pensamientos
y las emociones a las que estamos anclados o son recurrentes. Desde la tristeza,
melancolía, preocupación y nostalgia, muy poco podemos ayudar a otros. No se
trata de vernos como personas ambulancias, con responsabilidad permanente de
llevar a los demás en nuestros hombros, al contrario se trata de ver primero cómo
estamos nosotros, cómo nos sentimos. Si en ese momento, estamos un poco apagados,
alejados de la actitud optimismo, demos ese tiempo de reposo para recuperarse emocionalmente, para vivir nuestra preocupación y tristeza, con los límites de
que no sea un estado que nos defina predominantemente. Recordemos que las
emociones se caracterizan por ser muy breves, cuidemos que no se conviertan en
un estado de ánimo y de que incluso no lleguen a ser un rasgo de nuestra
personalidad. Cuidemos de que esos sean espacios de tiempo muy puntuales en los
que nos demos el permiso de sufrir —si se puede decir así— pero una vez que
respiremos profundo comencemos a cambiar hacia pensamientos positivos y
emociones elevadas y nos conectemos con otra frecuencia. Esa es la mejor
posición para irradiar y conectar a otros con esa luz.
No se trata de sentir que la
motivación es un compromiso hacia el otro, sino de que es un compromiso con
nosotros mismos y una vez que estamos motivados, somos entusiastas, optimistas,
resilientes, eso lo vamos a proyectar a las personas con las que estamos y a las
que tenemos cerca, pero qué pasa con aquellas que no quieren ser motivadas,
porque consideran, por ejemplo, que nadie puede estar motivado y contento, ante
tanta situación de enfermedad, muertes, desempleo.
A esas personas hay que
dejarlas vivir su momento, que ese tiempo sea mucho más largo para ellos, lamentablemente
será parte de su proceso y de lo que con sus actuales recursos y herramientas
internas pueden hacer. Hay que dejarlos vivir, y nuevamente no sentir que
sacarnos de ahí es nuestra responsabilidad. Nosotros podemos apoyarlos, acompañarlos,
pero no podemos obligarles, porque ni el cambio, ni la actitud, ni la
motivación se decretan. Es algo tan personal como la decisión que tomo de
querer estar bien o mal, o de dejarme llevar exclusivamente por lo que sucede a
mi alrededor o de los factores externos.
Al ser esa mi percepción, estoy
desconociendo la fuerza interna de la que tanto he hablado en otros artículos desde
el enfoque de la motivación cuántica, desde el cual se insiste en ver ese
proceso como el reconocimiento de aquello que está en mi interior y que es lo
que efectivamente debe impulsarme a estar bien, a estar confiado y a ser cada
día mejor. Visto así, insistimos en la motivación hacia el otro como proyección
de mi propia motivación.
El ser motivado invita en forma
natural a las otras personas a estar en la misma sintonía, si no lo hacen, buscarán
a quienes piensen y sientan igual, y eso también hay que respetarlo, cada quien
en su proceso y el nuestro tiene que ser mirar con visión y perspectiva, con
confianza y fe, y la base de todo eso lo hemos conversado.
No implica desconocer la
realidad, a lo mejor estamos tan o más afectados que muchos otros, lo que hace
la diferencia entre esos otros y nosotros, es la actitud. No tenemos que
justificar una actitud positiva, ese es un aspecto que pudiera estar planteado,
ya que algunas personas no pueden entender como alguien estaría motivado ante
tantas situaciones preocupantes e incluso le califican de evadir la realidad. Eso
pudiera hacer, que algunos hasta sintiesen culpa de estar motivados, o de tener
una actitud diferente cuando la mayoría está anclada en la preocupación ante la
incertidumbre, la angustia o melancolía.
No desconocemos una
realidad, sino que estamos asumiendo una reacción y una respuesta diferente. Es
agradable el sentir que nos importan muchas personas y que nos gustaría que su
actitud fuese distinta, por lo que en la medida en que podamos influenciarlos
de manera positiva será muy favorable, si no puede hacerse, recuerden que cada
quien vive su proceso, así como nosotros estamos en el nuestro.
¿Por qué es importante la motivación en tiempos de incertidumbre?, ¿por qué es importante estar orientados a alcanzar algo?
Plantearnos el hacer nuevas cosas, desarrollar habilidades, destrezas,
actitudes, conocimientos, el mantener la conexión e interacción con el otro, el
compartir, el dar y recibir soporte emocional, tiene que ver con la condición
de ser seres gregarios, sociales, nos gusta estar con el otro, necesitamos ese
espacio de conexión, el hablar, el relacionarnos, el celebrar cosas, el
recordar buenos momentos, el planificar próximos encuentros, el tener una
visión compartida, el sentirnos valorados, amados ¿En tiempos de incertidumbre por qué esto es especial?, bueno
porque nos ocupa la mente en otros pensamientos, nos pone en otra sintonía diferente
a la que en ocasiones, atrapa la cotidianidad, nos desconecta en gran medida de
toda esa intensidad informativa negativa que vivimos y nos permite conectar con
la actitud apropiada, lo cual tiene un efecto también en nuestras emociones y
salud.
Recuerden que el cuerpo
comienza a sentir como pensamos y luego terminamos pensando como nos sentimos y
caemos en un círculo que puede ser vicioso, si está asociado a pensamientos
negativos y catastróficos o, virtuoso si lo activamos desde el enfoque hacia lo
positivo y emociones de alta vibración.
Como vemos, todo se resume
nuevamente a la actitud que decidamos tener, ¿es sencillo, complejo, difícil?,
no le pongamos nosotros un calificativo, sencillamente, responde a las
circunstancias y experiencias que le toque vivir a cada quien y a sus recursos
y herramientas internas para afrontar de la mejor forma posible, eso que le ha
tocado vivir y de la realidad que construye en su mente y reafirma desde sus
pensamientos. A muchas personas no las define una visión de futuro sino es
estar ancladas en el pasado y angustiadas por el futuro.
Tiene que ver con su
realidad personal, familiar y social. Pareciera que cuanto más apremiante es,
por ejemplo, nuestra situación económica, regresamos nuevamente a esa base de
la famosa pirámide de las necesidades de Maslow, donde nos quedamos en la base,
muy enfocados y preocupados por satisfacer las necesidades básicas, por estar
vivos, por la supervivencia, por tener salud, alimentos, seguridad, y desde ese
estado no podemos crear ni aspirar a otras cosas.
Es necesario que no destinemos
todas nuestras energías para atender solo lo básico, lo que en términos
inmediatos garantiza nuestra sobrevivencia lo cual es vital, pues sin vida no
habría más que aspirar, pero en simultáneo podemos y debemos pensar cultivar
nuestra formación, las relaciones con los demás, por contribuir a causas
mayores, por servir al otro, en conversar con las personas, en ir subiendo en
esa escala de satisfacción de necesidades a otros niveles que tienen que ver con
la seguridad, reconocimiento, autodesarrollo, entre otras.
Pareciera que por la
situación estamos enfocados en las necesidades primarias y de seguridad y hemos
de alguna manera descuidado otras que nos permiten sentirnos mucho más agradados,
positivos y confiados en que nuestra vida no se resume a lo básico. Miren el riesgo
que tenemos en la actualidad, no solamente el de enfocarnos en lo básico, sino
en la sensación de la rutina, de que estamos haciendo todos los días lo mismo,
estamos creando y recreando la misma vida día tras día, porque además ante esa exigencia
de prevención, estamos en una cuarentena que nos mantiene en nuestros hogares,
lo que exige que tenemos que ser creativos para no caer en la sensación de que
todos los días son lo mismo, las mismas personas, el mismo elenco.
Ese llamado a la creatividad
no podemos atenderlo desde la desesperanza, desmotivación, negatividad,
tristeza, nostalgia, esos estados no son compatibles con la creatividad. Son
momentos puntuales los que estamos viviendo ¡Esto pasará!, mientras eso sucede tengamos
el control de nuestra vida, pensamientos y emociones. Si esa es la decisión que
tomo, entonces dejo de estar pensando en los problemas y doy paso a las soluciones,
veo cuáles son las opciones para ocupar el tiempo y las actividades que me
pueden reportar beneficios.
Todo esto pasará, algunos
seremos mejores seres humanos, otros se mantendrán igual y algunos peores.
Porque esa es la dinámica, pero todo esto va a pasar, porque la vida
siempre se abre camino, y lo hará nuevamente ante esta adversidad. Nuestra
decisión debe ser salir fortalecidos, vivir esto desde la mejor actitud con que
podamos y en la medida que decidamos hacerlo así, tengan la confianza de que
vamos a proyectar de forma favorable esa misma energía a quienes están cerca.
Ellos sentirán que estar
motivados tiene sentido en cualquier tiempo, pero en especial, en lo que son
adversos. Una vez leí algo que me puso a pensar, porque hablaba de que nosotros
los adultos tendemos a proteger mucho a los niños y a nuestros seres queridos
en general. Quisiéramos que nunca les pasara nada que les generara tristeza o preocupación,
pero esa reflexión apuntaba a destacar que sin adversidad no hay resiliencia. No
podemos desarrollar esa capacidad, si no es frente al evento que nos moviliza y
nos hace asumir determinadas actitudes. Igual nos está sucediendo en la
actualidad. Si viviéramos en condiciones ideales sería muy fácil o más sencillo
tener una buena actitud —tal vez desde la complejidad del ser humano y de la
insatisfacción de las necesidades porque satisfaces unas y surgen otras— ser más
positivos, si creemos que tenemos todo para serlo.
Es en la adversidad, en lo
complejo, en lo que escapa de nuestro control, en lo difícil e intenso, en momentos
como estos, en que podemos desarrollar los mejores recursos para enfrentar la situación
y ciertamente salir fortalecidos. Esa es la invitación con este escrito. Ya
sabemos que estar motivados no es una responsabilidad hacia el otro, es una responsabilidad
con nosotros mismos y cuando lo estamos, seguramente irradiamos en alta
frecuencia y vibración a los demás. Abracemos esa realidad futura como si ya
estuviese dada.
Nos seguimos leyendo.
Arelis Ramírez

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