¿Qué implica ser una persona motivada y por qué hacemos lo que hacemos?



¿Qué implica ser una persona motivada y por qué hacemos lo que hacemos?

 

La mayoría de la gente define la motivación como las “ganas” de hacer algo, el impulso, aquello que se coloca dentro de nosotros y que nos mueve a la acción de forma casi inmediata. En psicología, el concepto se entiende de forma similar y destaca que motivar viene del latín motivus o motus, que significa “causa del movimiento”. Muchas de las definiciones colocan esa motivación dentro del individuo: es un estado interno que activa, dirige y mantiene la conducta.

Es decir, que la motivación sería la fuerza que responde a una pregunta importantísima: ¿por qué hacemos las cosas? De esto se deduce que no hay motivación cuando no hay un por qué lo bastante fuerte.

Para la psicología, la motivación constituye un aspecto fundamental de la personalidad humana. El núcleo central de la persona está constituido por sus necesidades y motivos. El estudio de la motivación consiste en el análisis del por qué del comportamiento.

Ser una persona motivada implicaría en su expresión más noble, el encontrar —la mayor parte del tiempo— las razones y motivos para hacer, con la mejor actitud posible, aquello que debemos hacer. Supone mantener una buena actitud, perseverar, tener foco y una clara intención de lo que quiere, conectar permanentemente con las mejores energías, vibrar en amor con la más alta frecuencia, plantearse retos y establecer alianzas (apoyar y buscar apoyo), mantener el carácter elevado de las motivaciones y su trascendencia, superar obstáculos, medir riesgos y afrontarlos, apuntar hacia el éxito, no posponer, no postergar o procrastinar, culminar lo que se inicia, hacer a tiempo lo que se debe, mantener hábitos conscientes, apoyar a otras personas para que actúen en frecuencia similar, ser activo y entusiasta, ver con facilidad las cosas buenas de las experiencias, tener mayor fortalecimiento resiliente, hacer de la adversidad una oportunidad, asumir la responsabilidad de las decisiones que se tomen, y se complementa en el compromiso, la voluntad y la disciplina, conceptos de los cuales estaremos hablando en otras publicaciones.  

Veamos ahora, qué es lo que más nos motiva y reflexionemos sobre la importancia de las motivaciones trascendentes y elevadas, que hemos mencionado en el párrafo anterior.

Qué es lo que más me motiva y la importancia de las motivaciones elevadas

La auto observación de la que comenté en mi publicación anterior y la motivación que es el tema central de este blog, es una grata invitación a realizar un viaje personal y muy íntimo en la búsqueda de aquellos elementos que nos impulsan a hacer algo, a seguir adelante, a alcanzar logros y a poder identificar si éticamente están en el campo correcto.

Esta reflexión desde el campo de la ética, supone el reconocimiento a la condición racional y libre de los seres humanos para distinguir entre aquello que creemos que está bien o mal y al reconocimiento de una clasificación sencilla donde hablaremos de las motivaciones por satisfacción de necesidades, las motivaciones trascendentes y las motivaciones elevadas.


En las teorías clásicas de la motivación personal y, en especial, en el campo organizacional, se asume que tras cada acción humana hay una razón, una causa o motivo, que en realidad se identifica con la meta o finalidad que persigue el que actúa y asume de modo implícito que el fin de las acciones humanas, es satisfacer necesidades. Desde este enfoque, la necesidad se convierte en el motivo de la acción.


Al parecer, en la mayoría de las difundidas teorías de la motivación humana subyace una visión no transitiva de la motivación, para la que sólo cabrían motivos de conducta que buscan el logro de la propia satisfacción, exclusivamente centrada en el recibir, y no en dar.

La preguntan que se formularon críticamente otros estudiosos del tema fue: ¿existen realmente motivaciones desinteresadas capaces de trascender la exclusiva satisfacción del individuo, que se muevan por el interés de dar, además de recibir?

Así, aparecen en el escenario entonces, las llamadas motivaciones ‘trascendentes’, del latín transcendere (salir fuera), y son descritas como “el tipo de fuerza que lleva a actuar a las personas debido a la utilidad -a las consecuencias- de sus acciones para otra u otras personas” (Pérez-López, 1996).

En el enfoque de este autor se distinguen dos tipos de motivación trascendente. Por una parte, la motivación trascendente del bien útil, entendida como aquella fuerza o impulso racional que llevaría a actuar a las personas debido a la utilidad de sus acciones para otra u otras personas, lo que también podría denominarse como motivación de servicio, que incluirían comportamientos como la ayuda o la colaboración. Y, por otra parte, la motivación trascendente del bien agradable, entendida como aquella fuerza o impulso racional que llevaría a actuar a las personas debido a la satisfacción que sus acciones producen en otra u otras personas, lo que podría denominarse como motivación de atención, que incluirá comportamientos como la delicadeza, la amabilidad o el cuidado.

La apertura a la motivación trascendente sugiere un mapa de motivaciones más amplio que el de las propuestas más difundidas durante un tiempo.

Para mí, las motivaciones elevadas son aquellas que no entran en conflicto alguno con el amor o la compasión que debemos tener por nosotros mismos y por los demás y se basan en un profundo respeto por la vida. No es admisible como elemento de motivación, el dañar a los demás o el atropello a su condición por lograr lo que quiero. Las motivaciones elevadas se sustentan en el amor y desde este, no pueden entrar en conflicto con otras expresiones de baja vibración.


Como vemos, no es solo estar motivado, sino estarlo por las razones correctas. En palabras sencillas es lograr lo que quiero, sin llevarme por el medio a todos los demás, ni alcanzarlo sin medir las consecuencias negativas.

Po esto, debemos ser observadores atentos a distinguir cuáles son los motivos que sustentan mi actuación y los que mantienen mi interés. Recuerden que la creación en el campo cuántico se da, cuando se logra poner en sintonía pensamientos y emociones elevadas, no concurren excepciones y no hay sorpresas en ese sentido.


Ahora, qué debo auto observar aquí. Debemos auto observar: las motivaciones, las emociones con las que asocio cada motivación que tengo, si hago daño a algo o a alguien, si me siento incómodo porque estoy alterando el derecho de alguien más, si estoy honrando con lo hago a todas las personas que participan, si procuro que todo lo que hago sea, no solo para mi beneficio, sino también para el beneficio de todos los involucrados en bien, si mis motivaciones están sustentadas por los más nobles y elevados motivos o si hay algo de ese lado oscuro donde están la envidia, rabia, ira, odio, repulsión, desamor, celos, entre otras tantas. 

Una guía práctica para estos casos es preguntarse: ¿me preocupa algo con respecto a lo que quiero hacer?, ¿por qué me preocupa?, ¿por qué quiero hacerlo?, ¿para qué quiero hacerlo?, ¿es el momento indicado?, ¿estoy pensando o trabajando con las alianzas correctas?, ¿estoy dejando fluir el proceso o atropellándolo?, ¿estoy utilizando los medios correctos?, ¿puedo dormir tranquilo con cada paso que doy, o estoy afectando a alguien?, ¿me siento en paz y armonía perfecta con lo que quiero hacer?, ¿cómo es mi respiración cuando pienso en lo que hago?, ¿cómo circula mi sangre, puedo sentirla?,  ¿lo que hago, no entra en desequilibrio con las leyes naturales?, ¿qué siento en mi cuerpo?, Taquicardia, serenidad, angustia o tranquilidad, agitamiento o equilibrio. El cuerpo habla y es sabio, solo hay que bajar el ruido de nuestra mente para escucharlo. Recuerden que se trata de auto observar lo que pienso y lo que siento.

Les invito a que piensen en algún evento que puedan pasar por el filtro de esta guía y observen desde la quietud lo que sucede en su mente y cuerpo. Ahí encontraremos información muy valiosa para ir del redescubrirnos, al re-conocernos y a la reinvención y transformación. 

Con todo lo que hemos visto sería interesante que respondamos a la pregunta: ¿qué es aquello que me siento más motivado a hacer o qué es lo que más me motiva?


Podemos identificar muchas opciones dentro de la respuesta a esta interrogante, en todo caso, lo importante es que estemos en posibilidad de distinguir que las motivaciones serán distintas y, en consecuencia, su nivel de conexión, energía, vibración y frecuencia.

Por ejemplo, hacer lo que me gusta y disfruto, es una mis preferidas, pues es muy fácil estar motivada por aquello que me resulta agradable, pero ¿qué tal ante lo que debo hacer porque me lo piden y es importante o que necesito, pero no me motiva? Ante estas situaciones sale en escena el compromiso y la disciplina. Pues, si solo hiciéramos aquello por lo que estamos motivados, quedarían desprovistas de atención algunas personas, situaciones y cosas que no podemos desechar.

Lo que procuramos es que la motivación predomine en la mayoría de las actividades de nuestra vida. Dediquemos un momento a reflexionar al respecto para reconocer cuál es la tendencia que predomina en nosotros, así como qué es lo que más hago y cuáles son las motivaciones que le sustentan. Tal vez, ahí encontremos algunas razones que nos permitan entender por qué somos como somos o por qué nos sentimos como nos sentimos, una persona feliz o infeliz, una persona alegre o irritable, activa o pasiva, entusiasta o apática.

También es importante reconocer que no siempre tengo el mismo entusiasmo y el mismo nivel de motivación por todo lo que hago. Pero cuando nos hacemos consciente de esto puedo abordarlo de la mejor forma posible.

 


En mi próxima publicación les comentaré acerca de los diferentes tipos de motivaciones que experimentamos. Nos seguimos leyendo.

 

  

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