¿Por qué me cuesta tanto hacer lo que me propongo? Una mirada a la desmotivación
¿Por qué me cuesta tanto hacer lo que me propongo? Una mirada a la desmotivación
Después
de haber transitado por una serie de reflexiones acerca de la Motivación,
llegamos al punto de reconocer que no siempre nos sentimos motivados y frente a
eso es importante revisar a qué atribuimos la inacción que podemos experimentar
en diversos momentos y ante distintas situaciones de nuestra vida, nuevamente
sin juzgarnos, solo para entender qué de lo que veo en otros, me pudiera estar
pasando a mí. La buena noticia es que puedo
cambiar esa situación para sustituir emociones o conexiones emocionales y
experimentar nuevos significados. A esto, lo llamamos desaprender y reaprender.
¿Qué es lo que más me
cuesta para accionar? ¿Cómo estoy con respecto a: el compromiso, la voluntad,
la disciplina y el enfoque?
Sabemos que hay muchas personas que
sin mayor esfuerzo comienzan a llevar a cabo lo que deben hacer para alcanzar sus metas
y planes, incluso aunque están conscientes de que los resultados no serán
inmediatos. Sin embargo, también existen casos contrarios de personas que, por
una serie de razones, les cuesta mucho ponerse en acción y lograr alcanzar
cualquier objetivo. Pudiera ser la misma persona en una u otra condición, según fuese la situación de que se trate.
A continuación, vamos a compartir
algunas de las razones más comunes por las cuales a las personas
generalmente nos cuesta tanto hacer las cosas.
Falta
de motivación
La falta
de motivación es una de las razones más comunes por las cuales cuesta tanto
hacer las cosas. Cuando nos encontramos desmotivados es porque
lo que hacemos o lo que pretendemos hacer, no tienen un verdadero sentido.
Antes de
comenzar a ver algunas de las más comunes, resaltadas por innumerables personas
preocupadas por el tema, quiero agregar que desde mi visión las principales
causas por las que nos desmotivamos tiene que ver con no reconocer que desde
ese estado creativo de la
motivación, puedo aplicar cambios maravillosos en todos los ámbitos de
mi vida; es cuando pierdo el reconocimiento de la fuerza interna que existe en
mí para activarse desde la conexión plena con energías, vibraciones y
frecuencia amorosas, sucede cuando pierdo conexión con propósitos más
trascendentes; cuando no tengo intención clara de lo que quiero y no logro
sintonizar con emociones elevadas; cuando busco solo motivaciones externas, y
pierdo la certeza de que las más razones más importantes yacen dentro de mí.
Veamos ahora
los otros factores que concurren en este estado de dificultad para pasar a la
acción.
Temor
a sentirme frustrado
Resistencia a experimentar frustración ante resultados diferentes a lo que esperaba. Poca capacidad para enfrentar las emociones asociadas a eso y a caer en estados de tristeza o rabia.
Miedo
¿Cuántas
veces has dejado de hacer algo que deseas por miedo? El miedo es la emoción de
más baja vibración y es una construcción personal y social. Puede frenarnos incluso para llevar a cabo acciones
cotidianas que no tienen un gran significado hasta otras de mayor impacto en nuestras vidas.
Indecisión
Cuando no
estamos seguros de lo que queremos, no sabemos hacia dónde nos dirigimos y no tenemos ningún plan u objetivo en mente, es normal
que atravesemos por uno o varios períodos de indecisión.
Enfermedad
o trastorno
“Cuando una persona padece de algún tipo de trastorno siendo los más comunes en estos casos, ansiedad, depresión, trastornos de sueño, etc. la química del cerebro se ve afectada, por lo que no se produce la misma cantidad de neurotransmisores que encontrándose en un estado de salud óptimo y normal. Por ejemplo, un trastorno como la depresión, puede hacer que la persona experimente un cansancio extremo acompañado de pensamientos sumamente negativos que en combinación le impiden levantarse y comenzar a realizar sus objetivos personales e incluso sus actividades cotidianas.
En el caso de la ansiedad por ejemplo, si una persona padece de fobia social y necesita hablar acerca de algún tema ante un grupo de personas para llevar a cabo sus objetivos personales o simplemente para realizar su trabajo de manera correcta, es normal que le genere un malestar bastante intenso el sólo hecho de pensar que tiene que hacerlo por lo que querrá aplazar lo más que pueda ese momento tan amenazador para él(ella). Si se padece de un trastorno de sueño y no se logra conciliar el sueño durante toda la noche y al otro día es necesario realizar las actividades cotidianas durante la mañana, la persona se sentirá sumamente cansada y le costará mucho poder siquiera levantarse de la cama. En estos casos no se trata de desidia y no es algo que la persona pueda controlar tan fácilmente ya que al ser una enfermedad requiere de un tratamiento específico para sanar y corregirlo”. (López, 2012).
Ante la ausencia de la motivación,
existen conceptos clave como el
compromiso, la disciplina y el enfoque. Sobre esos veamos algunas
precisiones.
El
compromiso es el reconocimiento interno de que debemos atender algo centrado en
nuestro valor de la responsabilidad y de consciencia de la importancia de su
ejecución o de cumplir con algo. Desde el compromiso somos capaces de valorar
las consecuencias de nuestra inacción y el rango en que podemos resultar
afectados o afectar a otros, por lo que no consideramos una opción el dejar de
hacerlo. Todo esto, aunque en ocasiones, no nos asista o acompañe la motivación
y el entusiasmo. En algunos casos, hacer algo por compromiso y alcanzar ciertos
logros, puede actuar como factor motivante y activar un círculo virtuoso de
efectos positivos, donde lo que al inicio no me motivaba mucho, pasa a
motivarme.
Veamos un ejemplo tomado del curso de Humberto Montes: él comienza preguntado: “¿estás motivado para cuidar a tus hijos o para seguir con tu pareja? Es posible que me digas que sí. ¿Pero qué pasa con tu motivación cuando tus hijos se portan mal o incluso te hacen la vida imposible, o cuando tu pareja no te proporciona todo lo que deseas de la relación o está pasando por una etapa difícil? Si sólo te movieses por la motivación, es bastante probable que abandonaras el cuidado de tus hijos o tu relación de pareja cuando éstos te fallaran. Porque como habrás visto, incluso a nivel cerebral, la motivación está intrínsecamente ligada a una recompensa. ¿Qué pasa cuando ves que esa recompensa deja de estar presente, desaparece o se convierte en algo que tú no querías? Es el compromiso y no la motivación el que hace que sigas cuidando de tus hijos, aunque te saquen de tus casillas. Es el compromiso con tu pareja el que hace que sigas a su lado. Es el compromiso con tu proyecto el que te mantiene trabajando día y noche, incluso cuando estás pasando por un bache financiero y no ves resultados.”
Por s parte, el
principal alimento del compromiso es la disciplina. Mi definición favorita de
disciplina es del conferencista Alex Dey: “Disciplina
es hacer lo que debe hacerse, cuando debe hacerse, aunque no tengas ganas de
ello”. Es tremendamente poderosa
esta definición. La disciplina nos ayuda a elevar nuestro nivel de
conciencia.
Unido al compromiso y a la disciplina está el enfoque como otro elemento vital que puede darse en simultáneo con la motivación o en ausencia de esta. Veamos de qué se trata.
En donde pones tu
atención, ahí estas tú y en eso te conviertes.
Es
un hecho matemático, te conviertes en aquello a lo que más dedicas tu tiempo.
Si dedicas tiempo a la queja, la vida te dará situaciones para que te sigas
quejando, entonces te conviertes en un quejón. La tendencia es que nos
convertimos en aquello que rechazamos, en aquello que juzgamos, en aquello a lo
que tememos, en aquello que no soportamos; y si no nos convertimos en eso, lo
atraemos, para así revalidar ese círculo vicioso que nos hace mantener siempre
en lo mismo.
Amo
las palabras del gran Wayne Dyer: “cuando cambias la forma de
mirar las cosas, las cosas que miras cambian”.
Es
muy importante abordar tanto la motivación como la desmotivación, pues una es
dualidad de la otra. En ese sentido, compartiremos brevemente algunas
referencias generales acerca de la desmotivación.
La
desmotivación, es la falta de esas razones para guiar nuestro
comportamiento, es la pérdida del entusiasmo, la disposición y la energía para
llevar a cabo determinadas actividades. Es un sentimiento de desesperanza y
pesimismo que surge cuando nos enfrentamos a determinados obstáculos.
Obviamente, se trata de un estado interior muy limitante que incluso nos puede
llegar a bloquear en el plano emocional.
Cuando
estamos desmotivados es como si las fuerzas nos abandonasen y muchas de las
actividades que antes nos animaban pierden su atractivo.
La
apatía y baja motivación se revelan en algunas personas cuando existe una
falta de interés por todo en general y una disminución en la expresión y
respuesta afectiva, tanto a nivel emocional como conductual. Está caracterizada
por desgano, desidia, falta de fuerza que se apoderan de la persona, limitando
su vida en todos los ámbitos en los que se desarrolla y afectando a todos
ellos.
La
apatía y la desmotivación van un paso más allá, afectan tanto a nivel
psicológico como físico y se asocia a un malestar generalizado y a un
sentimiento de desesperanza.
En
la próxima imagen veremos algunos síntomas que pueden experimentar las personas
desmotivadas. En este caso, estamos hablando de aquellas personas que tienen
esa actitud ante todo en su vida o hacia la mayoría de las actividades.
Algunos
de los síntomas más evidentes de que estamos desmotivados son los siguientes:
- Pérdida
del interés por satisfacer las necesidades básicas, como comer o asearse.
- Pensamientos
negativos sobre sí mismo y su entorno. La persona piensa continuamente en
términos de fracaso y desestima sus capacidades.
- Irritabilidad
y cambios en el estado de ánimo. Lo más usual es que aparezcan signos de
desesperanza, disminuya el umbral de tolerancia a la frustración y se
instaure la apatía.
- Cambios
en los hábitos de sueño. La persona generalmente comienza a sufrir insomnio y
no logra descansar lo suficiente.
Las
razones por las que una persona puede estar desmotivada son múltiples, veamos en
este esfuerzo compilativo y de aportes propios, una lista con algunas de ellas.
- Miedo: el
miedo, que ya he mencionado, aparece nuevamente como una emoción muy
limitante que en su valencia negativa puede paralizarnos y nos impide
avanzar.
- Motivos
extrínsecos: cuando el motivo que guía nuestros pasos está
determinado por motivos externos que pueden desaparecer con frecuencia y no
están bajo nuestro control. O cuando esos motivos no se corresponden realmente
con lo que quiero hacer, pero cedo a las presiones.
- Cambio
de necesidades: dado lo dinámico de nuestras necesidades es muy
importante que me mantenga atento a observar y valorar cuáles cambios han impactado
mis objetivos iniciales y cómo estos se han reorientado, a fin de evitar anclarme
en metas anteriores con las que ya no me siento identificado. En ese caso,
nuestros objetivos pueden perder su poder movilizador y la desmotivación
se convierte en una señal de aviso que nos indica que debemos cambiar el
rumbo.
- Ausencia
de metas claras: cuando no tenemos objetivos bien definidos que guíen
nuestros pasos, es fácil caer en la desmotivación, ya que sentimos que nos
estamos esforzando sin saber muy bien por qué. Se trata de un problema
bastante común, sobre todo cuando tomamos decisiones por inercia, movidos
por las circunstancias y sin reflexionar sobre lo que realmente deseamos.
- Falta de desafíos: todos necesitamos poner a prueba nuestras capacidades ya que así crecemos como personas y ganamos independencia y autonomía. Por eso, cuando emprendemos un proyecto pero no tenemos suficiente libertad de acción y deja de representar un reto para convertirse en algo mecánico, aparece la desmotivación.
- Estrés: las personas sometidas a unos
niveles de estrés muy elevado y constante, pueden ir minando poco a poco
su iniciativa, su motivación por proponer y realizar actividades, debido agotamiento
físico y emocional y por la tanto a una disminución en el desempeño y
disfrute de sus actividades.
- Cansancio:
el cansancio excesivo, la sobrecarga de actividades, pueden inducir a la
apatía. Cuando el cansancio se apodera de una persona y no es capaz de
abarcar todo lo que se propone o lo que debe, poco a poco comienza a
sentir falta de motivación y de iniciativa que le lleva a la desidia y a
no querer hacer nada.
- Descanso reparador:
tenemos la necesidad de dormir, descansar, reparar y reponer nuestra
energía y entusiasmo. No tener estas prácticas reparadoras nos mantiene en
la sensación de cansancio y poca energía, así como poca capacidad para concentrarme
y hacer lo que debo con entusiasmo.
- Aburrimiento: cuando no realizamos actividades satisfactorias,
que deseamos hacer, que nos satisfagan a nivel interno, tendemos a
aburrirnos y a contemplar todo lo que hacemos como una obligación,
perdiendo poco a poco la ilusión y afectando a nuestra motivación por
hacer cosas.
- Reducción de la vida social y afectiva: cuando por cualquier
circunstancia, laboral o personal, la vida social y afectiva se reduce,
las salidas con amigos, el cariño de nuestros seres queridos, no lo
recibimos tanto como necesitamos, etc. La persona puede empezar a sentir
una sensación de vacío emocional, que poco a poco va creciendo y afectando
a su respuesta emocional.
- Consumo de alcohol u otras drogas: el consumo de alcohol reiterado,
por sus efectos nocivos en el cuerpo, puede favorecer a la disminución en
la motivación y el aumento de la postergación, así como afectar a nuestras
emociones.
Finalmente, es importante referir que desde algunos enfoques, con los cuales yo coincido, la desmotivación no es necesariamente un estado negativo. De hecho, en algunos casos puede ser una señal de alarma que nos indica que debemos reflexionar y cambiar el rumbo pues lo que estamos haciendo no nos satisface ni nos hace felices. Por eso, cuando la desmotivación toca a nuestra puerta, no debemos hacer oídos sordos.
Sin
embargo, cuando la desmotivación se convierte en una tendencia recurrente y
estable a lo largo del tiempo se transforma en apatía y desgano, un estado de
ánimo muy peligroso que pueden generar un cuadro depresivo y afectar nuestra
salud, tanto física como psicológica.
Así pues, la desmotivación no solo nos
perjudica porque está asociada a los problemas para cumplir ciertas
expectativas; además, allí donde aparece ni siquiera podemos disfrutar de la
calma o del descanso que nos supone no realizar esas actividades que en teoría
queríamos hacer. Y es que aunque no hagamos lo necesario para llegar a la meta,
no desaparece el marco mental según el cual deberíamos estar haciendo eso.
De
esto que hemos visto, conviene poder vincularlo a la capacidad de re-inventarnos
ya mencionada y conocer acerca del llamado arte de desaprender y reaprender.
Ambos procesos nos da, como seres humanos, la gran y mágica oportunidad de
cambiar nuestro espacio del SER, y mantenernos en enfoque a través de ciertas
prácticas conectivas que ya hemos visto.












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